Gracias!

Hoy amanecí contemplándote.

Estaba oscuro y aún la noche reinaba en su sino.

Un celebrar de pájaros, árboles y brisas me anuncio que ya venía.

El gran sol, con todo su poder se acercaba a darnos vida.

Maravilloso es en verdad tu reino.

Cuando pienso en la inmensidad del universo, me asombro que ocupemos este grano de arena, esta mota de polvo y agua llamada Tierra.

Nos diste cognición, nos diste sentidos, nos diste sentimientos y un entorno maravilloso lleno de regalos.

Desde luego hay que tener demasiado orgullo para no reconocerte, para no bajar la cabeza y decir: gracias!.

Porque yo, que sepa, no hice nada para vivir en esté mundo, tú me lo diste todo, mi cuerpo con sus manos y sus ojos, me diste alimentos, me dise amor a través de todos los seres que tú mismo también creaste.

Y no tengo tanto orgullo como para segarme y decir: yo sólo, he hecho todo esto, podría haber nacido, vivido en este mundo sin que nadie me lo hubiese regalado.

Humildemente reconozco tu regalo. Gracias por regalarme habitar en tu reino!

Ahora que estoy de invitado, ¿cómo voy a comportarme?

Apreciaré toda tu creación y cuidare de ella. Con las facultades que me has dado, intentaré ordenar limpiar y embellecer lo que sea mi deber de hacer.

Cuidaré de todos los seres sintientes, hermanos de este reino que cumplen una función para ti.

Y dedicaré todos los días un rato para contemplarte, con o sin forma, según te manifiestes a cada momento, hasta que un día me disuelva en ti.

Gracias!